CIENCIAS NATURALES


Reflexionando acerca del medio ambiente
 
 
 
Autor (es):
  • Ana Yaneth Rincón Báez Grado 9º.
 
 
En pleno siglo XXI nosotros, los seres humanos estamos creando y conociendo nuevos avances de tecnología y estamos recibiendo beneficios de lo creado por nuestras manos pero a pesar de esto nunca pensamos en el daño que hacemos en nuestro medio ambiente.
 
Te has puesto a pensar que ha pasado con el papel que arrojas al suelo o la cantidad de quimicos que utilizan las empresas, el humo de los carros, de las industrias o con la contaminación de rios, lagos, lagunas, y pantanos... Con el derrame de petróleo en los mares o la sobre pesca, la contaminación acústica por carros en las grandes ciudades,... con los desechos inorganicos... ¿No te da una idea de destrucción o daño?.
 
Entiende que nuestro planeta necesita ayuda y no esperes; reacciona ya. Abre los ojos, mira a tu alrededor y no le niegues ayuda a la naturaleza que tanto te ha brindado; ¿qué sera de tus hijos, mis hijos, y los hijos de tus hijos si no tienen lo que tú tienes y estas desperdiciando? ¿qué dirás cuando te pregunten, por qué no cuidaste el planeta?.
 
Cuida y protege el medio ambiente, no esperes a que sea tarde. Es el momento ¡reacciona ya!.
 
 
Publicado por: Edwin Báez.
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Analisis e interpretación de lectura
 
Autor (es):
  • Edwin Alonso Báez Rios. Grado: 10°.

La física y la química de hoy en día son dos ciencias que nos invita a dar solución a los problemas y situaciones de la vida diaria, buscando una respuesta con la cual podamos acertar, y explicar de manera razonable y lógica nuestras respuestas; para esto es necesario el uso del saber, y el saber hacer, esto debido a que no existen barreras que nos indiquen una única forma de llegar a las respuestas del problema planteado, bien sea cosas como hallar la altura de una pared, la temperatura de la mañana, el peso de una pelota lanzada en la luna y la misma pelota lanzada con las mismas características en la tierra. Todo esto permitiéndonos, a través de la imaginación y la realidad, realizar experimentos y reacciones en las que ciertos elementos resultan ser de gran beneficio para el desarrollo mundial, como aparatos electrónicos, automóviles, edificios, casas y también para el cuidado personal como perfumes, cosméticos y prendas de vestir en general.
En fin, quiero que quede en claro que el elemento esencial que debe tener cualquier persona para poder llegar a ser un gran físico o químico es la capacidad de pensar e imaginar; dos acciones, que nos pueden llevar a dar una solución al problema planteado. Es por esto que deseo compartir una anécdota que Sir Ernest Rutherford, el gran padre de la física nuclear y el ganador en 1908 del premio Nobel de Química, siempre tenía presente: 
“Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un examen de física, pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.
La pregunta del examen era: Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro. La respuesta del estudiante fue la siguiente: lleve el barómetro a la azotea del edificio y átele una cuerda muy larga. Descuélguelo hasta la base del edificio; marque y mida. La longitud de la cuerda es igual a la altura del edificio.

Realmente el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel. Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.

 Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema; su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: coja el barómetro y láncelo al suelo desde la azotea del edificio, y mida el tiempo de caída con un cronómetro. Después aplique la formula altura = 0,5 por la gravedad y por el tiempo al cuadrado, y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.

Tras abandonar el despacho, me rencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.  -Bueno, hay muchas maneras. Por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.
-Perfecto, ¿y de otra manera?
-Sí. Este es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura.
-Ese es un método muy directo.
-Por supuesto. Si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si consideramos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea, la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de oscilación. 

En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje, y cuando abra, decirle: ‘Señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo’. 

En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema. Dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar”.
La respuesta convencional al problema era que la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos puntos diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre estos puntos.
 
Aquel estudiante, a quien sus profesores habían enseñado a pensar, se llamaba Niels Bohr, físico Danés, quien se basaría en las teorías de Rutherford, para publicar su modelo atómico en 1913, introduciendo la teoría de las órbitas cuantizadas, obteniendo el premio Nobel de Física en 1922”.1
Así que finalmente, deseo que de nuestra institución educativa, logremos salir cantidad de físicos y químicos; dos ciencias muy importantes para la vida y para el desarrollo de la misma, implementando la imaginación, “un proceso superior que permite al individuo manipular información generada intrínsecamente con el fin de crear una representación percibida por los sentidos de la mente. «Intrínsecamente generada» significa que la información se ha formado dentro del organismo en ausencia de estímulos del ambienter”2.

 
Publicado por: Edwin Báez.
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